
La ola de calor en el continente europeo desató una severa escasez de alimento concentrado para animales que afecta directamente a los ganaderos de la Unión Europea. El fenómeno meteorológico ataca la disponibilidad de pasto y forraje, debido a que la falta de agua dañó cerca del 38 % del territorio comunitario.Ante este panorama, los productores del campo afrontan dificultades operativas para mantener la nutrición diaria de sus rebaños.
Los productores agropecuarios se vieron en la obligación de consumir sus reservas de alimento invernales con varios meses de anticipación a lo previsto. Frente a la emergencia actual, los ganaderos optan por reducir el tamaño de sus rebaños, gestionar alimentos alternativos y solicitar una mayor flexibilidad en las normativas agrícolas vigentes para amortiguar el impacto económico y operativo.
La falta de lluvias en las zonas impacta de manera integral a todo el sector agrícola en el suelo europeo. La crisis afecta desde la producción de aceite de oliva y vino hasta la cosecha de cultivos forrajeros fundamentales, entre los cuales destacan el maíz y el girasol.
Como solución temporal, las asociaciones locales de ganaderos aguardan el inicio de la cosecha de remolacha azucarera. El objetivo prioritario de este sector radica en aprovechar la pulpa resultante de dicho cultivo como alimento sustitutivo para mantener a los animales mientras persiste la crisis climática.
Vía Notitarde