La vitamina D es un nutriente esencial que, aunque no suele señalarse como prioritaria como muchas otras vitaminas, la verdad es que sí cumple funciones claves en el organismo.
Esta vitamina ayuda a que el intestino tome el calcio y el fósforo de la comida. Mantiene los huesos duros y evita que se vuelvan frágiles. También cuida los músculos y apoya al sistema de defensa del cuerpo para combatir microbios. Si falta esta vitamina, los niños pueden sufrir de raquitismo y los adultos de huesos blandos o débiles.
En otras palabras, es realmente importante para que la persona pueda crecer y desarrollarse normalmente.
¿Cómo obtener vitamina D?
El cuerpo es capaz de producir vitamina D cuando la piel se expone al sol; sin embargo, cuando esto no es suficiente, es esencial recurrir a alimentos como pescados grasos, aceite de pescado, yema de huevo, hígado, hongos, leche, yogures, bebidas vegetales de soya o almendra y cereales que tienen vitamina añadida.
De no ser suficiente, existen suplementos vitamínicos de venta comercial que pueden evitar la deficiencia.
Señales de alerta
La cantidad de vitamina D que necesita cada persona depende de la edad y hasta de su propio estado de salud, por lo que es crucial estar atento ante cualquier señal que mande el cuerpo. La deficiencia de esta vitamina suele ser silenciosa, pero cuando los niveles bajan demasiado, se manifiestan síntomas físicos y emocionales claros que pueden poner en riesgo la salud.
- Fatiga crónica: Sentir un cansancio extremo y constante, incluso durmiendo las horas necesarias.
- Dolor muscular: Sufrir de dolores en los músculos, debilidad o calambres frecuentes sin causa aparente.
- Dolor en los huesos: Molestias profundas y sordas, especialmente en la zona lumbar, la cadera y las piernas.
- Infecciones frecuentes: Resfriarse con regularidad o contraer infecciones debido a un sistema inmune debilitado.
- Cambios de humor: Propensión a la tristeza, irritabilidad o desarrollar síntomas de depresión estacional.
- Caída del cabello: Pérdida severa de cabello que no se frena con tratamientos capilares comunes.
- Cicatrización lenta: Tardar mucho más tiempo de lo normal en sanar heridas, rasguños o cirugías.
Otros síntomas: dificultad para concentrarse, mareos frecuentes, uñas quebradizas, piel seca y apagada, manos y pies fríos, y trastornos del sueño.
Fuente: 2001online.com