Alan Greenspan, uno de los economistas más influyentes del último siglo y expresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed), falleció este lunes a los 100 años de edad. La noticia marca el fin de una era para la historia financiera contemporánea, la cual Greenspan moldeó activamente durante sus casi dos décadas al frente del banco central estadounidense.
Su esposa, la reconocida periodista Andrea Mitchell —corresponsal jefe de Asuntos Exteriores de la cadena NBC News—, confirmó el deceso a través de un comunicado. En el texto se detalló que el fallecimiento se debió a complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson que el economista padecía desde hacía años.
De la música a la cúspide de la economía global
Nacido el 6 de marzo de 1926 en Nueva York, la juventud de Greenspan, hijo de un corredor de bolsa, estuvo vinculada inicialmente a las artes. Estudió clarinete en la prestigiosa Escuela Juilliard y realizó giras profesionales por el país tocando el saxofón y el clarinete en la banda de Henry Jerome.
Sin embargo, volcó su carrera hacia las finanzas, licenciándose en Ciencias Económicas en 1948 y obteniendo su maestría dos años después. En 1958 asumió la presidencia de la consultora Townsend-Greenspan.
Su salto a la política ocurrió en 1968 como asesor de campaña de Richard Nixon. Tras ocupar diversos cargos en los gobiernos de Nixon, Gerald Ford y Ronald Reagan, fue este último quien lo nominó en 1987 para suceder a Paul Volcker al frente de la Fed.
El «Maestro» de los mercados y el origen del «Greenspan Put»
Greenspan asumió la dirección del banco central en agosto de 1987 y, apenas dos meses después, enfrentó su primera gran prueba de fuego: el colapso bursátil global conocido como el «Lunes Negro». Su rápida intervención asegurando que la Fed proveería toda la liquidez necesaria evitó una catástrofe financiera profunda.
Esta estrategia dio origen al concepto de mercado conocido como el «Greenspan Put», la creencia generalizada entre los inversores de que el banco central siempre intervendría para rescatar los mercados ante escenarios de crisis.
Durante su gestión, que se extendió hasta 2006 abarcando los mandatos de Ronald Reagan, George H.W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush, Greenspan guio a EE. UU. a través de una era de expansión tecnológica sin precedentes. Se hizo famoso por su oratoria deliberadamente compleja y críptica —diseñada para no alterar los mercados con un solo comentario— y por su firme filosofía de libre mercado, influenciada por la escritora Ayn Rand.
Las luces y sombras de su legado financiero
A pesar de su reputación como el director de orquesta de la economía estadounidense, su legado no estuvo exento de duras críticas:
- La crisis de 2008: Su firme oposición a regular los derivados financieros y su defensa de la desregulación fueron señaladas por numerosos analistas como el detonante de la burbuja inmobiliaria que estalló en la crisis subprime de 2008. En una comparecencia histórica ante el Congreso en ese mismo año, el propio Greenspan admitió haber cometido un «error» al confiar en exceso en la capacidad de autorregulación del mercado.
- Políticas post-11S: Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, impulsó recortes agresivos de las tasas de interés, llevándolas hasta el 1 % en 2004, una medida que según críticos alimentó la posterior especulación inmobiliaria.
- Señalamientos de politización: Durante sus últimos años en el cargo, bajo la administración de George W. Bush, fue criticado por respaldar públicamente los recortes de impuestos y los planes de privatización parcial de la Seguridad Social.
Aun retirado y con un legado debatido, Greenspan se mantuvo como una voz de enorme peso en el entorno macroeconómico global hasta sus últimos días, defendiendo con firmeza la independencia institucional de la Reserva Federal frente a las presiones políticas.
Con información de Notitarde