Las operaciones de duración indefinida del gobierno de Donald Trump contra Irán están llevando al límite operativo a la Marina de Estados Unidos. Para sostener el despliegue en Medio Oriente, el Pentágono se ha visto obligado a desviar recursos estratégicos del Pacífico occidental, abriendo un hueco que China aprovecha para consolidar su influencia regional.
El desgaste se evidencia en tres de los principales buques de la flota:
- USS George Washington: Abandonará su posición en el Pacífico para relevar operaciones en Medio Oriente.
- USS Abraham Lincoln: Suma más de 240 días continuos en el mar —un récord de permanencia— tras posponer su retorno previsto para mayo. Su tripulación enfrenta serios problemas de abastecimiento y salud mental.
- USS Gerald R. Ford: Regresó en mayo tras un despliegue de 11 meses —el más largo desde la guerra de Vietnam— apoyando la ofensiva contra Irán y la captura de Nicolás Maduro. Sufrió un incendio en el área de lavandería que dejó a cientos de marineros sin espacio para dormir.
Avance estratégico de Beijing en Asia-Pacífico
Analistas señalan que la ausencia de un portaaviones estadounidense en el Pacífico refuerza la narrativa de China ante países como Filipinas, Japón e Indonesia de que Washington ya no es el garante de seguridad en la región.
En las últimas semanas, Beijing ha intensificado su presencia militar:
- Maniobras militares: Ejecutó ejercicios cerca del banco de Scarborough (zona disputada con Filipinas).
- Fuego real: Desplegó un destructor de misiles frente a Okinotori, la isla más meridional de Japón.
- Cooperación naval: Realizó entrenamientos conjuntos con la Marina de Indonesia.
Para calmar la inquietud de los aliados, el almirante Frank Bradley, jefe del Comando de Operaciones Especiales de EE. UU., se trasladó a Manila para ratificar el compromiso de Washington y la capacidad de proyectar fuerza de manera global una vez atendida la amenaza en Medio Oriente.
Un cuello de botella logístico y el futuro de la flota
Más allá del impacto geopolítico, el sobreuso de los buques amenaza con paralizar la capacidad de respuesta naval estadounidense en el corto y mediano plazo.
- Crisis de mantenimiento: El desgaste extremo acumulará una «deuda de mantenimiento» que congestionará los únicos dos astilleros del país capacitados para reparar portaaviones.
- Cambio de doctrina: Frente a la vulnerabilidad de estos gigantes ante drones y misiles modernos, mandos de la Marina como el almirante Daryl Caudle sugieren reducir la dependencia de los portaaviones y migrar hacia embarcaciones más pequeñas y submarinos.
Vía Globovisión