Cada vez que llueve en el municipio Maturín, el casco central colapsa. Usuarios reportan que calles como Monagas, Bermúdez, el bulevar Arrojas, la avenida Miranda, entre otras, se llenan de agua e impiden el paso peatonal.
Esta situación, que se repite en cada temporada de precipitaciones, ha dejado en evidencia la notable falta de mantenimiento de manera profunda en el sistema de desagües de la ciudad, según reportan los mismos maturineses, además, agregan que esta situación transforma las principales arterias viales en verdaderos ríos temporales. El peligro vial se incrementa con cada «palo de agua», obligando a los conductores a sortear las lagunas urbanas.
Los motorizados y los dueños de autos particulares arriesgan tanto la integridad de sus vehículos como su propia seguridad al intentar transitar por las vías completamente inundadas, las cuales ocultan baches y alcantarillas abiertas bajo el agua de lluvia.
«Ya no sabemos qué hacer cada vez que empieza a nublarse. Transitar por el centro en moto o en carro cuando llueve es una ruleta rusa; uno no sabe si va a caer en un hueco o si el motor se va a fundir por el agua. Las autoridades deben abocarse a limpiar las tanquillas de inmediato», manifestó Carlos Mendoza, conductor y usuario.




Por otra parte, los peatones son los más perjudicados al quedar prácticamente atrapados en los comercios. El agua sube rápidamente a las aceras, lo que impide el libre tránsito de las personas y golpea de forma directa la actividad económica de la zona central, ya que los ciudadanos prefieren resguardarse o retirarse antes de realizar sus compras habituales.
«El negocio se paraliza por completo porque la gente no puede ni caminar por las aceras. El agua se estanca y tarda horas en bajar, lo que ahuyenta a los clientes y nos genera pérdidas económicas severas en un día que debería ser productivo», señaló un comerciante.
Fotos | Juan Goitía