La Escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) presentó un documento con recomendaciones para acompañar a docentes, estudiantes y familias durante el regreso a clases después de los recientes terremotos que afectaron al país.
El material, denominado “Decálogo para la continuidad escolar segura: un retorno basado en la protección, el bienestar y la resiliencia”, propone que los centros educativos se conviertan en espacios de apoyo donde las comunidades puedan superar los efectos emocionales causados por la emergencia.
“La escuela y el hogar tienen hoy la misión sagrada de ser espacios seguros donde se procese el dolor y se siembre la esperanza”, señala la guía elaborada por la UCAB.
Salud mental y acompañamiento emocional como prioridad
Uno de los principales planteamientos del decálogo establece que el retorno escolar debe iniciar con espacios de conversación y contención emocional.
La universidad recomienda que estudiantes, profesores y trabajadores puedan compartir sus experiencias luego de los movimientos sísmicos.
La UCAB considera que los primeros días de clases deben enfocarse en reconstruir la confianza y fortalecer los vínculos dentro de la comunidad educativa.
Entre las principales recomendaciones destacan:
- Escuchar las emociones de alumnos y docentes.
- Crear espacios de acompañamiento psicológico.
- Permitir que cada persona pueda expresar sus temores y experiencias.
- Promover un ambiente de tranquilidad dentro de las aulas.
“La paz escolar se construye reconociendo las emociones del otro y validando el alivio de estar juntos nuevamente”, expresa el documento.
Colegios deben garantizar condiciones seguras antes del regreso
La guía también resalta la importancia de revisar la infraestructura de los planteles antes de permitir el ingreso de estudiantes y trabajadores.
La institución considera fundamental que las escuelas cuenten con evaluaciones técnicas que certifiquen que los espacios son aptos para recibir nuevamente a la comunidad.
La UCAB señala que la seguridad física es un elemento indispensable para recuperar la confianza de las familias después de una emergencia sísmica.
“Brindar certidumbre sobre la solidez de la infraestructura es un acto de respeto y cuidado elemental que disipa la angustia de las familias”, indica la orientación educativa.
Además, recomienda fortalecer la cultura preventiva mediante planes de evacuación, simulacros y protocolos de actuación ante futuros eventos naturales.
Flexibilidad académica para estudiantes afectados
Otro de los puntos destacados por la UCAB está relacionado con la adaptación del proceso educativo.
La institución plantea que el regreso a clases no debe centrarse únicamente en recuperar contenidos pendientes, sino en atender primero el bienestar emocional de los estudiantes.
“Retornar no es recuperar el tiempo perdido a costa del bienestar mental”, sostiene la guía.
Asimismo, el documento señala que los docentes también necesitan apoyo, debido a que enfrentan sus propios procesos emocionales tras la emergencia. Por ello, propone espacios de acompañamiento psicológico y medidas para fortalecer su bienestar.
Familias y comunidades deben formar parte de la recuperación
La UCAB también incluyó recomendaciones dirigidas a los hogares, destacando que padres y representantes cumplen un papel importante en la recuperación emocional de niños y adolescentes.
El documento sugiere que las familias prioricen la escucha y la comprensión antes que las presiones académicas, creando ambientes donde los menores puedan expresar sus preocupaciones. Entre las sugerencias para el acompañamiento en casa están:
- Mantener rutinas sin generar estrés.
- Promover conversaciones familiares.
- Realizar actividades de lectura y reflexión.
- Mantener la comunicación con las instituciones educativas.
“No se trata de replicar el horario escolar rígido en casa, sino de mantener el hábito del aprendizaje desde la calma”, señala la guía.
Prevención, comunicación y alianzas para fortalecer la resiliencia
Como parte de sus últimas recomendaciones, la UCAB insiste en que las escuelas deben mantener una comunicación clara con las familias sobre las condiciones de los planteles, las medidas de seguridad y la planificación académica.
“Una comunidad informada es una comunidad que colabora desde la calma y la confianza”, destaca el documento.
“Promover comités participativos donde familias y docentes diseñen juntos el mapa de cuidado reafirma el rol de la escuela como epicentro de la resiliencia comunitaria”.
Vía Diario 2001