Venezuela enfrenta una crisis de seguridad vial sin precedentes que ha escalado a problema de salud pública. Según el más reciente informe del Observatorio de Seguridad Vial (OSV) de la ONG Paz Activa, el primer trimestre de 2026 cerró con un saldo trágico de 392 muertes y 1.210 heridos en un total de 986 siniestros documentados.
Estas cifras representan un incremento del 30% en la siniestralidad respecto al mismo periodo de 2025, revirtiendo las leves mejoras logradas el año anterior y superando los niveles críticos de 2024.
El factor humano y el protagonismo de las motos
La investigación del OSV identifica a las motocicletas como el vehículo con mayor letalidad, estando involucradas en el 70% de los decesos. El perfil de las víctimas es igualmente alarmante: jóvenes de entre 20 y 24 años —la principal fuerza productiva del país— lideran las listas de fallecidos y lesionados.
El análisis atribuye el 80% de los accidentes al factor humano, destacando dos causas principales:
- Exceso de velocidad: Presente en el 55% de los casos.
- Impericia: Responsable del 21% de los incidentes.
Colapso hospitalario y costos económicos
La «epidemia vial» no solo enluta hogares, sino que drena recursos del Estado. Expertos como Jacobo Vidarte señalan que el 80% de la ocupación en áreas críticas de hospitales públicos corresponde a víctimas de motos. El costo de atención para un paciente con trauma grave oscila entre los 3.000 y 4.000 dólares, una cifra que triplica, en muchos casos, el valor comercial del vehículo involucrado.
Género y vulnerabilidad: Las víctimas «silenciosas»
Por primera vez, el OSV incluyó un enfoque de género y edad en su reporte, revelando datos sombríos:
- Mujeres: Solo en marzo, 32 mujeres fallecieron, la mayoría en calidad de «parrilleras», cuya seguridad dependía enteramente del conductor.
- Menores de edad: La mortalidad infantil en las vías subió de 21 a 28 víctimas fatales en comparación con el primer trimestre del año pasado, mientras que la cifra de niños heridos ascendió a 98.
Un sistema en anarquía
Especialistas de la ONG Asotránsito advierten que la falta de vigilancia policial y la impunidad en las arterias viales estimulan conductas de riesgo. A esto se suma el deterioro de la infraestructura: fallas de iluminación, huecos y señalización deficiente en zonas urbanas (donde ocurre el 39% de los choques) completan la ecuación de peligro.
El informe concluye que la seguridad vial en Venezuela requiere una transformación cultural urgente y una regulación estricta de los límites de velocidad para detener una sangría que amenaza con seguir mutilando el capital humano del país.
Vía El Universal