
En el fútbol femenino, son pocas las futbolistas que logran mantener una carrera profesional larga. Ante la falta de estabilidad, muchas se ven obligadas a colgar los botines y buscar otros horizontes lejos de las canchas de césped natural o artificial. Sin embargo, para la monaguense Emperatriz García, el balompié ha sido una escuela de supervivencia, fe y absoluta resiliencia; una ruta donde su mentalidad inquebrantable le ha permitido levantarse una y otra vez, desafiando lesiones que solían aparecer en los momentos menos oportunos.
A sus 27 años, la zaguera criada en la urbanización Antonio José de Sucre de Maturín brilla hoy en el fútbol europeo vistiendo los colores del FK Žalgiris de Lituania. Pero este salto al viejo continente no es una casualidad: antes de emigrar, dejó una huella imborrable en Venezuela, donde conquistó tres campeonatos absolutos y sumó múltiples participaciones en la Copa Libertadores Femenina.

Su camino
El inicio del viaje y la lucha por mantenerse en el fútbol profesional comenzó en su tierra natal, dando sus primeros pasos profesionales con el Sulmona FC en Maturín. Su talento y despliegue físico pronto la llevaron a dejar el nido para emprender un recorrido exitoso por los distintos equipos del país: Carabobo FC, Flor de Patria, Estudiantes de Caracas, Atlético SC, Deportivo La Guaira y Adiffem. García se convirtió en un amuleto dorado en la Liga FutVe Fem, logrando coronarse tres veces campeona de Venezuela: en 2018 con Flor de Patria, en 2019 con Estudiantes de Caracas, y en la edición de 2020 (disputada en 2021 debido a la pandemia) con el Atlético SC. Su dominio local le otorgó el derecho de llevar el nombre de Venezuela a la prestigiosa Copa Libertadores en cuatro oportunidades (2018, 2019, 2020 y como refuerzo de Adiffem en 2025). Fue precisamente en la Libertadores con el Atlético SC donde el continente entero supo de qué estaba hecha la monaguense. En un vibrante e histórico partido contra el gigante argentino River Plate, Emperatriz firmó una actuación excelsa que la hizo acreedora del premio MVP (Most Valuable Player) del encuentro. Esa vitrina internacional selló su boleto de regreso a la selección nacional y, posteriormente, a su primera experiencia en el extranjero con la Universidad Católica de Ecuador, antes de retornar brevemente al Marítimo de La Guaira y finalmente dar el gran salto al Viejo Continente.
“Uno de los mejores momentos de mi carrera fue con Atlético SC, donde tuve la oportunidad de representar nuevamente a Venezuela en una Copa Libertadores. Fue un campeonato muy especial para mí porque logré mostrar un gran nivel y hasta tuve la bendición de ganar un premio MVP en un partido contra River Plate”, relata García, rememorando con especial afecto aquella distinción individual.
Fue precisamente en esa cumbre de rendimiento cuando llegó el ansiado llamado a la selección absoluta de la Vinotinto, dirigida en aquel entonces por la estratega italiana Pamela Conti. Sin embargo, detrás de la convocatoria se escondía una realidad casi inverosímil: “Lo más curioso e impactante de toda esa etapa es que jugué aproximadamente dos años y medio, casi tres, con una ruptura de ligamento cruzado anterior y menisco”, confiesa Emperatriz.

Leer su palmarés evoca la trayectoria que cualquier futbolista soñaría: títulos celebrados, noches memorables y el orgullo de vestir la camiseta nacional. No obstante, detrás del brillo de los focos se oculta un relato de sacrificios silenciosos, batallas internas y la sombra que marcó su carrera: las lesiones. Jugar con un ligamento roto en la rodilla no la detuvo para ganarse un puesto en la selección, aunque el precio a pagar a lo largo de su camino fuera pasar dos veces por el quirófano para poder reconstruir su futuro en las canchas.
“Fueron momentos muy difíciles, de mucho dolor y sacrificio, pero nunca permití que eso me hiciera rendirme. Siempre seguí adelante con fe, disciplina y una mentalidad fuerte”, rememora la jugadora desde Lituania.
En esa larga batalla, el sostén principal ha sido su círculo más cercano: «Quiero agradecer principalmente a mi familia, a mis padres y hermanos. Sin ellos nada de esto hubiese sido posible», expresa con profunda emoción. En su lista de gratitudes también brillan entrenadores y amigas que blindaron su entorno en las etapas más grises, haciendo mención especial a Yornia Chalbaud, Rutmarys Mejías, Francismar Tinoco y Aura Gutiérrez.
Al ser consultada sobre el equipo de su tierra natal, el Monagas SC, la defensora no oculta su respeto ni un anhelo latente: “Es el club de mi ciudad y le tengo un gran aprecio. Como profesional, uno está enfocado en rendir donde le toque, pero sin duda alguna en un futuro me gustaría representar al Monagas SC”, afirma, dejando la puerta abierta para vestir la camiseta azulgrana ante su gente.
Una voz para el futuro del fútbol femenino
Con la autoridad que le otorgan los años de experiencia en canchas nacionales e internacionales, García analiza la realidad del balompié femenino en el país. Considera que la Liga Futve Fem puede mejorar sustancialmente en organización y estructura para proyectar mejor el talento emergente. Aun así, envía un mensaje de esperanza y una hoja de ruta para las niñas monaguenses y venezolanas que sueñan con emular sus pasos: “Es posible construir una carrera profesional, aunque el camino sea complejo por las limitaciones de infraestructura y visibilidad. Al final, la diferencia la marcan la disciplina, la constancia y la mentalidad”.
