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“Topito”, el niño de 10 años que rescata mascotas tras los sismos

Tomado de la mano de su abuelo —integrante de una brigada local—, el estudiante de cuarto grado de primaria recorre las calles de Caraballeda

Con tan solo 10 años de edad, Sebastián Corro se convirtió en el voluntario más joven del despliegue de emergencia desplegado en la zona norte de Venezuela tras los devastadores terremotos del pasado 24 de junio. Su valentía no solo le permitió rescatar con vida a dos mascotas, sino que también le valió el apodo de “el topito venezolano”, un reconocimiento otorgado por la célebre brigada de rescate Los Topos de México.

Tomado de la mano de su abuelo —integrante de una brigada local—, el estudiante de cuarto grado de primaria recorre las calles de Caraballeda, una de las comunidades más afectadas en el estado La Guaira, aledaña a Caracas.

Un equipo de protección a su medida

Equipado como un profesional, Sebastián viste un casco con linterna, lentes de protección, bandolera, botas impermeables de estampado militar y un chaleco con la bandera venezolana junto a la insignia de la Estrella de la Vida. De su cintura cuelgan unos guantes identificados con su nombre: “S. Corro”.

«Yo quiero ser rescatista. Estoy en la calle dispuesto a ayudar en lo que pueda desde que empezó el terremoto», comentó el niño en entrevista con la agencia EFE.

Durante las operaciones de auxilio, Sebastián tuvo la oportunidad de compartir trabajo de campo con rescatistas de Brasil, Chile, Estados Unidos y México. Fueron precisamente estos últimos quienes firmaron su casco con un emotivo mensaje:

“Para Sebastián, con mucho cariño y respeto de parte de Los Topos”.

Misión de vida: De la ayuda logística al rescate animal

Pese a su corta edad y la magnitud de la tragedia —que según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) movilizó a 2.786 profesionales de 31 países tras dejar más de 4.800 fallecidos y 16.700 heridos—, Sebastián mantiene una visión clara sobre su futuro: quiere ser un rescatista profesional e internarse en zonas de desastre en cualquier lugar del mundo.

Por medidas de seguridad, el pequeño no se adentra en estructuras colapsadas. Sin embargo, su labor ha sido fundamental en el apoyo logístico, la distribución de alimentos y la atención en los refugios temporales. Aun así, su instinto de protección lo llevó a protagonizar una hazaña: logró poner a salvo a un gato y a un perro atrapados tras el sismo.

Una brigada escolar para el futuro

Su abuelo, Cristóbal Corro (68 años), no oculta el orgullo al hablar de su nieto: «Este es mi nieto, mi nietico, es mi tesoro. Estamos en donde nos necesiten».

Actualmente, Sebastián se encuentra en proceso de aprendizaje y busca llevar su vocación un paso más allá: sueña con conformar la primera brigada escolar de primeros auxilios en su colegio para capacitar a otros niños en la prevención y respuesta ante emergencias.

Con informacion de Primicia

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