Una gran laguna ubicada entre la calle Bermúdez y el boulevard Arriojas, de Maturín, se ha convertido en un problema que perjudica a los comerciantes y buhoneros adyacentes, ya que esta se desborda cada vez que llueve e inunda varios locales. La acumulación de aguas servidas genera no solo pérdidas materiales, sino también un grave foco de contaminación que afecta la salud de trabajadores, peatones y niños de la zona.
Los afectados señalan que la situación lleva años sin recibir una solución definitiva. El estancamiento del agua podrida deteriora progresivamente las infraestructuras de los establecimientos, dañando de forma recurrente las santamarías, los candados y la mercancía que guardan en el interior de los negocios.





«Tenemos tiempo con este problema del agua. Se me mete para adentro y ya la Santamaría está corroída. La situación no es de ahorita, ya que tiene años. Además, se me daña hasta la ropa», denunció Ana Luisa Marcano, una de las comerciantes perjudicadas.
Marcano explicó que, a pesar de los esfuerzos por resguardar sus locales bajando las santamarías a tiempo, la fuerza del agua logra filtrarse por debajo de las estructuras. Esta realidad les genera constantes gastos adicionales para reponer candados y reparar las puertas metálicas en un momento donde las ventas y los ingresos son limitados.






«Le pido a la Alcaldía que, por favor, vengan a arreglar esto, porque han venido, sacan la basura, pero no hay una solución porque lo que lo que se necesita es que introduzcan un vacuum. Espero que pronto arreglen esto porque ya no encuentro qué hacer», enfatizó la denunciante.
Asimismo, el sector comercial informal y establecido de este punto del centro de la ciudad, reiteró la urgencia de que las cuadrillas municipales ejecuten la limpieza profunda de las tuberías y bocas de visita para evitar que las calles sigan colapsando. Además, aseguran que pagan sus impuestos al día por lo que piden a la municipalidad atención a esta situación.
Fotos | Juan Goitía