La capital venezolana recibe a dos grandes de la actuación: Lorna Cepeda y Natalia Ramírez. Conocidas mundialmente por sus icónicos papeles de Patricia Fernández y Marcela Valencia en “Yo soy Betty, la Fea”, llegan a Caracas bajo una premisa completamente distinta. Aunque en la ficción fueron las antagonistas más famosas de la televisión, en la vida real su estrecha amistad es el motor de “¡Muertas de la Risa!”, una comedia que ha cosechado éxitos en diversos países de Latinoamérica y que finalmente aterriza en suelo venezolano para demostrar la vigencia de su química escénica.
Una morgue, enredos y humor negro
La trama de la obra presenta una situación tan absurda como hilarante: Carmen Chivata y Caroline Lion (interpretadas por Cepeda y Ramírez) coinciden en una morgue tras ser citadas para reconocer al que fue su pareja. A partir de este encuentro, la pieza entrelaza secretos compartidos y revelaciones inesperadas que obligan a los personajes —y al público— a reflexionar sobre la lealtad, la amistad y, fundamentalmente, el valor del amor propio. La obra utiliza el humor negro como vehículo para transitar temas profundos, garantizando risas constantes sin perder la calidez humana que caracteriza el trabajo de ambas intérpretes.
Logística y coordenadas del evento
La capital venezolana recibe a dos grandes de la actuación: Lorna Cepeda y Natalia Ramírez. Conocidas mundialmente por sus icónicos papeles de Patricia Fernández y Marcela Valencia en “Yo soy Betty, la Fea”, llegan a Caracas bajo una premisa completamente distinta. Aunque en la ficción fueron las antagonistas más famosas de la televisión, en la vida real su estrecha amistad es el motor de “¡Muertas de la Risa!”, una comedia que ha cosechado éxitos en diversos países de Latinoamérica y que finalmente aterriza en suelo venezolano para demostrar la vigencia de su química escénica.
Una morgue, enredos y humor negro
La trama de la obra presenta una situación tan absurda como hilarante: Carmen Chivata y Caroline Lion (interpretadas por Cepeda y Ramírez) coinciden en una morgue tras ser citadas para reconocer al que fue su pareja. A partir de este encuentro, la pieza entrelaza secretos compartidos y revelaciones inesperadas que obligan a los personajes —y al público— a reflexionar sobre la lealtad, la amistad y, fundamentalmente, el valor del amor propio. La obra utiliza el humor negro como vehículo para transitar temas profundos, garantizando risas constantes sin perder la calidez humana que caracteriza el trabajo de ambas intérpretes.
Vía Diario 2001