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Periodistas e Influencers: El reto de la credibilidad frente a la viralidad en la era digital

La diferencia fundamental entre un comunicador profesional y un influencer no reside en el canal que utilizan, sino en las herramientas intelectuales que aplican

El ecosistema informativo mundial atraviesa una transformación sin precedentes denominada por los expertos como el ‘Platform Reset’ o restablecimiento de la plataforma. En este nuevo escenario, el centro de gravedad de la noticia se ha desplazado de las redacciones de los medios de comunicación bien constituidos, hacia las pantallas individuales de creadores de contenido, llamados ‘influencers’, quienes están acaparando la atención de los usuarios por su forma “ligera e inmediata” de presentar los hechos noticiosos.

De acuerdo a varios estudios recientes, en redes sociales como TikTok e Instagram, los usuarios prestan más atención a las personalidades y a los creadores de contenido que a los medios de comunicación convencionales. Este fenómeno no solo afecta el tráfico hacia los sitios webs de noticias, sino que plantea un dilema ético y profesional profundo: ¿son los influencers una amenaza que diluye el rigor periodístico, o representan el puente necesario para reconectar con una generación que ha dado la espalda a los formatos tradicionales?

Los influencers siguen ganando terreno, debido a que según estudios, conectan más rápido con su público

Al entrevistar a varios periodistas con muchos años de trayectoria, quienes han vivido en carne propia la transición de lo tradicional a lo digital, vemos como consideran que los influencers son herramientas eficaces para la reconexión con audiencias jóvenes, sin embargo, aseguran que no pueden sustituir la credibilidad estructural del periodismo profesional; por el contrario, su auge obliga a una hibridación donde el rigor ético debe prevalecer sobre la simple viralidad para salvaguardar la verdad en la era digital.

La periodista y profesora universitaria de la Universidad de Los Andes (ULA) núcleo Táchira, María Fernanda Rodríguez, cree -citando un estudio reciente de BBC News- , que el cambio más disruptivo que se ha visto en la industria de las noticias, es que los periodistas se conviertan en creadores de contenido.

“Yo creo que para recuperar su confianza y su audiencia, el periodista tiene que ir hacia allá, a fortalecer su marca personal, ya que siempre se han vinculado con el medio para el que trabajan. Esto va a permitir, de alguna manera, entrar en el terreno de juego de los influencers, usar las mismas herramientas, el mismo storytelling, la misma narrativa, pero para contar historias reales, desde la credibilidad que tienen como periodistas, desde su ética, desde su responsabilidad social. Hay que tratar de jugar en la misma cancha, con las herramientas a nuestro favor: somos periodistas, tenemos credibilidad, hay ética”, asegura.

Al profundizar un poco en los nuevos estudios sobre este tema, encontramos que el auge de estos personajes (influecers) está redefiniendo la difusión informativa al desplazar la atención de los medios tradicionales hacia los creadores independientes. Específicamente, en el reporte del 4 de noviembre del 2025 del Pew Research Center sobre América’s News Influencers, aproximadamente un tercio de los menores de 30 años se informa a través de estos personajes en las redes sociales, valorando la comprensión y la perspectiva cercana que ofrecen, antes que la credibilidad y la objetividad que puede ofrecer un periódico digital.

En estos nuevos estudios también se argumenta que el tráfico social no es solo un problema técnico de algoritmos, sino un cambio en la psicología del consumo. Aseguran que los usuarios jóvenes ya no buscan una plataforma informativa de prestigio (como El País de España o The New York Times en Estados Unidos), sino una voz humana que les traduzca la realidad.

Esta tendencia queda reflejada en los hallazgos recientes sobre el comportamiento de las nuevas audiencias en donde explican que, al igual que otros patrones de uso de redes sociales y consumo de noticias en ellas, los adultos jóvenes son mucho más propensos a informarse a través de influencers en las redes sociales, concluyendo que casi cuatro de cada diez estadounidenses de entre 18 y 29 años (37%) afirman informarse regularmente a través de influencers, en comparación con solo el 7% de las personas de 65 años o más.

Es así como para la Generación Z el periodismo ha dejado de ser algo que se lee para convertirse en algo que se ve o se escucha. Citando el informe de Noticias Digitales del Instituto Reuters del 2025 (Reuters Institute Digital News Report 2025), traducido al español por la Fundación Gabo, el contenido con videos informativos en redes aumentó de un 52% en 2020 a un 65% en 2025.

Ante esta inevitable transición hacia lo audiovisual y la pérdida de terreno de los medios, estamos viendo el surgimiento de un perfil híbrido que busca rescatar el oficio: el ‘periodista influenciador’. Sobre este nuevo profesional, en la revista de comunicación de la Universidad de Piura, Perú, argumentan que «este profesional no solo domina las técnicas de verificación, sino que habita el ecosistema digital con la naturalidad de un creador de contenido, pues entienden que ya no basta tener el peso de un medio tradicional; hoy el público busca el rostro y la voz que hay detrás de la noticia para otorgar su confianza.

Para el periodista monaguense Ronny Rodríguez, actual reportero de El Pitazo, y con amplia experiencia en Periodismo Digital coordinando algunos medios nacionales, los periodistas nos enfrentamos a un momento en el que se debe ser más crítico al momento de dar y consumir información verificada.

“Los influencers son una realidad, están allí y han venido ganando terreno. Son personas que se saben mover en el entorno digital que dominan ampliamente las comunicaciones en este siglo y desde la aparición de redes sociales. Desde ese punto de vista no está mal que lo hagan. Lo que sí ocurre es que aquellos que intentan invadir el terreno de la información profesional sin las herramientas con las que cuenta un periodista, genera desinformación. Es tarea de nosotros como periodistas evangelizar, por usar un término, a quienes tenemos a nuestro alrededor para que sepan distinguir entre lo que es verdad y lo que no, siempre sabiendo que es algo subjetivo”, explica Rodríguez.

Es importante destacar que un periodista-influenciador también tiene la responsabilidad de mantener altos estándares éticos y profesionales en su trabajo. Debe verificar la información que comparte, ser transparente sobre posibles conflictos de intereses y respetar los principios fundamentales del periodismo, como la imparcialidad y la objetividad, para garantizar la confianza de su audiencia.

Sin embargo, esta adaptación necesaria no debe confundirse con una validación total del fenómeno. Aunque los algoritmos favorecen la viralidad de los influencers, debemos ser claros: esta tendencia no siempre representa una evolución positiva para la verdad, pues la diferencia fundamental reside en la responsabilidad. Mientras el creador de contenido busca el ‘clic’ y la conexión emocional, el periodista (formado académicamente), tiene el deber ético de contrastar, verificar y jerarquizar, funciones que son el único antídoto real contra la desinformación.

Como señala el Digital News Report 2024, a pesar del auge de las redes sociales, los medios de comunicación profesionales siguen siendo «la principal fuente a la que los ciudadanos acuden para verificar información dudosa». Es así como se sostiene que el periodista formado académicamente posee una credibilidad estructural que un influencer, por definición, nunca podrá alcanzar ni sustituir. La diferencia fundamental entre un comunicador profesional y un influencer no reside en el canal que utilizan, sino en las herramientas intelectuales que aplican.

En consecuencia, la falta de criterios profesionales de los creadores de contenido facilita la propagación de noticias falsas que polarizan a la sociedad, ya que al carecer de formación en análisis crítico y fuentes contrastadas, muchos influencers se convierten en repetidores de fake news. Es por ello que el periodista profesional tiene la enorme tarea de defender la ética y la veracidad, roles que exigen una preparación que va mucho más allá de saber usar una cámara o tener millones de seguidores.

Régulo Párraga, periodista egresado de La Universidad del Zulia (LUZ), con 45 años de trayectoria y actual Coordinador de Redacción de la Dirección de Comunicación de la Gobernación de Monagas, valida esta tesis, pues cree que el profesional del periodismo no debe tenerle miedo a ningún influencer, pues siempre prevalecerá la veracidad y la confianza, por encima de cualquier contenido sin fudamentos.

“Los influencers son precisamente eso, personas que tratan de influir en el público para imponer sus opiniones, sus tesis, o ganar algún tipo de beneficios en las redes, sea monetario o de influencia propia dentro de ese mundo. El periodista debe seguir haciendo su trabajo porque el influencer produce contenido, pero es muy parcial y limitado al mundo donde ellos se mueven y a las ideas que ellos tienen, en cambio el periodista trabaja con la noticia, con el hecho noticioso. El influecer puede aseverar algo y sus seguidores lo van a creen, pero más tarde o más temprano las pruebas del trabajo periodístico van a pasar sobre esas opiniones que exponen los influencers”, expone.

Por lo tanto, si bien es cierto que los creadores de contenido pueden entretener o conectar emocionalmente, también es muy real que muchos de ellos carecen de la base académica y el compromiso ético necesarios para sostener la credibilidad que la sociedad exige en tiempos de ruido digital. La formación universitaria no es un papel, es la garantía de que el derecho a la información seguirá en manos de quienes están preparados para defenderlo.

Es así como se cree que los influencers no disminuyen el rigor periodístico, pero sí son un apoyo para conectar con las audiencias jóvenes y hacer llegar el contenido noticioso de una forma más ligera a este tipo de targets, luego de filtrarla a través de un medio de comunicación tradicional.

Hacia adelante, el desafío del periodismo será liderar esta transición, asumiendo que el futuro de la profesión reside en una simbiosis estratégica: aprovechar la cercanía de los nuevos lenguajes digitales sin renunciar jamás a la profundidad y responsabilidad social que solo la formación académica garantiza.

Redacción: Lcda. Mariela Carmona

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