En Caraballeda sólo tres negocios han retomado la actividad tras el doble terremoto del pasado 24 de junio en La Guaira, que es una panadería, una pollería, y la tienda de víveres de Alexander Pérez, según este comerciante, ha perdido otra tienda que tenía en la zona cero de los sismos.
Hace cuatro días que volvió a abrir la persiana de su pequeña tienda que apenas sufrió daños, a pesar de estar rodeada de grandes edificios que han quedado en pie, pero están al borde del colapso. Sin embargo, la otra tienda de víveres que este comerciante colombiano tiene en su casa, era más grande, pero se perdió porque esa zona sufrió más el embate.
«La pérdida no fue total, pero fue como de un 80 % y lo que quedó lo donamos», cuenta Pérez a EFE, este comerciante colombiano, que salió ileso junto a su esposa y sus tres hijos, pero después de unos días, le tocó superar el miedo a que pudiera volver a temblar, derrumbarse todo y abrir, para recuperar los ingresos.
Cientos de comercios afectados
El Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio) advierte de que no hay un censo real de los comercios afectados por los terremotos, pero estima que más de 250 pequeños y medianos comercios en La Guaira se vieron afectados, ya sea por pérdida total o parcial.
Hay grandes comercios, como el Farmatodo o el McDonald’s, que apenas sufrieron daños, pero que han sido reconvertidos en refugios temporales o incluso hospitales. La mayoría de los comercios no sufrieron daños aparentes, pues están en edificios de un solo piso, pero sus comerciantes mantienen el cierre echado.
«Este tipo de negocio funciona con muchos créditos. Tenemos alrededor de unos 50 códigos (líneas de crédito) con proveedores», explicando que no podía esperar más; y añade que debe solo este mes unos 700 dólares. «Ya veremos qué pasará, pero decidimos abrir precisamente por eso», explica, y se siente afortunado de que tiene «uno de quizás los tres negocios que quedaron en pie de este tamaño».
Cierta normalidad en las zonas aledañas
En Macuto, la localidad aledaña a Caraballeda no sufrió tantos daños, pero los pequeños comercios ya llevan días que han retomado cierta normalidad.
Astrid Sánchez ha reformado la pequeña venta que tiene en la casa de su madre, y ahora vende refrescos, agua, pasteles y empanadas.
«Esta casa no puede ser habilitada y estamos a riesgo, pero decidí abrir, no quería al principio (…) pero tengo dos hijos y tengo una mamá y nosotros también comemos», expresó Sánchez que al principio le daba miedo abrir por la imagen que pudiera dar de insensible.
Vía Globovisión